martes, 19 de mayo de 2009

EL BOCHORNO DE JUANITA GÓMEZ



Serían las vacaciones de su vida. Hacía el equipaje recordando como la suerte por primera vez le sonreía. Siempre fue una secretaria común, detrás de un escritorio, con una máquina de escribir, temerosa del despido por la modernidad de las computadoras, y leyendo una revista en su almuerzo de sándwich, arrinconada en la pequeña cocinita del escritorio para hacer café, encontró el cupón del concurso. El premio eran 10 pasajes con estadía a la Isla de Cuba ¡por diez días! No dudó. Llenó el cupón y mandó aquel mismo día por correo. Total, sabía que no ganaría pero servía al menos para soñar algunos días. Solo que milagrosamente ella fue una de las diez sorteadas.

No podía creerlo. Era un sueño de verdad. Ahora había llegado el día y hacia el equipaje. Casi todo listo y entonces le vino una idea en la cabeza… ¿y si llevaba el consolador que le habían regalado en el cumpleaños para mofarse de ella? Total iba a una isla tropical, con muchos negros musculosos alrededor… y bueno… ¡sí! Lo metió entremedio de las ropas y listo. ¿Quién iba a verlo?

El aeropuerto estaba lleno, así que casi a la hora del embarque lograron juntarse los diez premiados. Eran 3 hombres y siete mujeres. Todos nerviosos, ansiosos. Juanita se sentía medio rara, extraña. Nunca había tenido suerte en la vida. Era medio feúcha, flaca, dientes sobresalientes, lentes gruesos, y de la timidez se había hecho medio encorvada. Era de esas personas que pueden pasar días entre los demás sin que nadie la note. Tímidamente se juntó al grupo y se fueron embarcando de a uno. Empezaba así el sueño de Juanita Gómez, la secretaria que nunca había salido de su pueblo natal.

La llegada al aeropuerto de Cuba no fue como ella soñaba. El avión avía hecho un aterrizaje brusco, asustándola demasiado. Tanto que salió disparada primero que todos para fuera de la nave. Por eso fue la primera del grupo que entro a la aduana del aeropuerto que muy cuidadosamente pasaba los equipajes por un RX. Entonces ocurrió.

La dueña de esta valija por favor ¿puede venir a abrirla? Y Juanita temblando dijo: “soy yo. Porque tengo que abrirla?” Y era que veían un objeto extraño y necesitaban asesorarse de que se trataba. A estas alturas la Juanita invisible a todos pasó a ser visible totalmente. Los otros nueve la miraban con bronca por la demora en poder entrar a su paraíso tropical caribeño. Todas las vistas volteadas a la valija de Juanita que roja como un tomate abrió el equipaje susurrando bajito al funcionario…. “es un consolador… por favor no lo muestre”. Pero el señor de la aduana, sin entender nada, la miró y dijo “Que es un consolador?” Con voz suficientemente fuerte para que escucharan los de atrás mientras sacaba de la valija el objeto que tantos líos causó. Despacio empezaron a escucharse risas, hasta que la carcajada era general. Juanita, totalmente dislocada y aterrada, guardó el consolador en la valija, se metió en el transporte al hotel, entro a su habitación y pasó toda la semana allí encerrada. ¿De Cuba? No vio ni el color del agua. A los 8 días, pagando con la poca plata que llevaba la diferencia de pasaje, embarcó en un vuelo diferente al de sus compañeros, de vuelta a su vida cotidiana, en su pueblo natal, no sin antes, usando todo un rollo de papel higiénico, envolver el consolador y tirarlo al basurero de su habitación de hotel.

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